Los números que no podemos ignorar
Un informe publicado esta semana por Intel 471 confirma lo que muchos en el sector ya veníamos viendo: América Latina se convirtió en la región más atacada del mundo. Los incidentes de ransomware en la región saltaron un 78% en un año — de más de 250 casos en 2024 a más de 450 en 2025 — y la tendencia no se detiene en 2026.
Las organizaciones en la región enfrentan aproximadamente 2.640 ciberataques por semana. Eso es un 35% por encima del promedio global. Y no estamos hablando de intentos menores — estamos hablando de brechas reales, datos robados, rescates millonarios y sistemas paralizados.
Los incidentes más graves de las últimas semanas
- Paraguay: Robo de 7 millones de registros de ciudadanos. Rescate exigido: USD 7,4 millones
- Panamá: Brecha en entidades gubernamentales con 1,5 terabytes de datos exfiltrados
- Brasil: Compromiso de una fintech que derivó en el desvío de aproximadamente USD 148 millones a través de ocho instituciones financieras
Brasil concentra el 30% de las víctimas de ransomware en la región, seguido de México (14%) y Argentina (13%). Pero los 17 países de la región están en el radar — incluida Bolivia.
Los troyanos bancarios que nacieron aquí y ahora son globales
Dos familias de malware originadas en América Latina — Grandoreiro y Mekotio — han evolucionado hasta el punto de atacar más de 1.500 instituciones financieras en más de 60 países. Empezaron apuntando a bancos brasileños y bolivianos. Hoy roban credenciales bancarias en Europa, Asia y Norteamérica.
Esto nos dice algo importante: la ciberdelincuencia en la región ya no es local. Tiene infraestructura, financiamiento y alcance global.
¿Por qué la región es tan atractiva para los atacantes?
- Madurez de ciberseguridad baja: La mayoría de los países de la región están en el nivel 2 del marco NIST. El nivel 3 debería ser el mínimo aceptable
- Inversión insuficiente: Los presupuestos de seguridad siguen siendo una fracción de lo que se invierte en el hemisferio norte
- Conciencia limitada: El phishing sigue siendo el vector de entrada número uno — y sigue funcionando
- Respuesta lenta: Muchas organizaciones tardan semanas en detectar una brecha. Para entonces, los datos ya salieron
Qué pueden hacer las organizaciones ahora
- MFA en todo: Las credenciales comprometidas son el vector de acceso inicial más común. Autenticación multifactor en todos los sistemas expuestos a internet, sin excepciones
- Capacitación antiphishing: El error humano sigue siendo la puerta de entrada. Simulaciones de phishing y formación continua no son opcionales — son básicos
- Monitoreo de troyanos bancarios: Las instituciones financieras deben monitorear específicamente las familias Grandoreiro y Mekotio en sus endpoints
- Backups offline: El ransomware busca y cifra los backups conectados. Los backups offline son la única garantía de recuperación sin pagar rescate
- Plan de respuesta a incidentes: No esperes a que te pase para saber qué hacer. Tener un plan documentado y probado puede ser la diferencia entre días y semanas de inactividad
Mi visión como profesional de seguridad en Bolivia
Trabajo en ciberseguridad en Bolivia desde hace años, y esta información no me sorprende — la confirma. He visto organizaciones locales que siguen usando contraseñas compartidas en texto plano, sistemas sin parchar desde hace años, y planes de respuesta a incidentes que existen solo en papel.
La buena noticia es que la mayoría de los ataques exitosos no son obra de hackers geniales — son el resultado de descuidos básicos que se pueden corregir. El 80% de los incidentes que investigo tienen un denominador común: algo que no estaba configurado correctamente, algo que no estaba actualizado, o alguien que hizo clic donde no debía.
Si tu organización no tiene una evaluación de seguridad vigente, este es el momento.
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